Secreto para una vida abundante
por Moy Cuevas el Feb.15, 2008. Categoría: CIBERGAVIOTAS, Cuentos, Dimensión Económica, Dimensión Espiritual, Reflexiones
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La historia del Zorro y el León
Cuenta la historia que en una ocasión un hombre encontró a un zorro que no tenía la parte final de sus patas, por una razón u otra, el zorro se había quedado sin esa parte de sus patas y tan solo se sostenía en los 4 muñones que le restaban. Puede ser que haya sido en una pelea con perros o que haya caído en una trampa, o lo que sea, la cosa es que el zorro había perdido la parte final de sus 4 patas.
El zorro se veía muy bien alimentado y muy cómodo a pesar de la pérdida de sus patas. El hombre lo observó e inmediatamente quiso saber lo que sabía este zorro que el no. Así que observó al zorro por un tiempo.
El zorro cojeaba hacia el mismo lugar todos los días. Había un león que salía a cazar y llevaba su presa a ese mismo lugar. Se recostaba a comer tranquilamente y en paz. Cuando el león terminaba, se levantaba y se iba, dejando atrás las sobras de su presa para el zorro.
Entonces el hombre se dijo así mismo, “¡lo tengo!”
Así que el hombre decidió intentar aquello mismo para poder vivir como el zorro. Fue al banco más cercano y se estacionó allí mismo. Espero y espero a que algunos de los hombres abundantes le dejaran lo que el requería de las sobras de sus vidas abundantes.
Bueno, obviamente se sentó allí por varios días y nadie le dejó nada. Se empezó a debilitar, incluso comenzó a perder peso, pero sobre todo se empezó a sentir miserable. El empezó a tener algo así como alucinaciones y desmayos debido al hambre y debilidad que tenía.
En uno de esos episodios perdió el conocimiento y escuchó una voz que le decía: “Se como el león y deja algo para los menos afortunados”, “Tu no eres un zorro sin patas”.
Tal vez la vida nos enseña que hay una manera en la que podemos hacer una contribución a ella en vez de todo el tiempo ver que es lo que vamos a obtener de ella. Generalmente pensamos en términos de recibir, no de dar.
Hay algunas ocasiones donde doy (amor, dinero, tiempo, trabajo) pensando de antemano lo que voy a recibir a cambio, incluso condicionando lo que estoy “dando” hasta no ver lo que me van a dar de vuelta.
Digo “te quiero” pero para que me digan “yo también te quiero”, doy diezmo pero condicionado a que la vida me lo regrese y multiplicado, no hago un trabajo extra hasta que mi jefe no me diga cuanto me va a pagar por hacerlo, doy pequeños regalitos y detallitos con tal de estar presente en las mentes de otros a la hora de que me toque ser el festejado y si no recibo nada me victimizo diciendo “y yo tanto que les he dado…” o algo similar.
Por eso nos dice la conferencia de Sé Banquero: “Aprende a DAR”
¿Qué es lo que mas trabajo te cuesta dar?
¿Con qué actitud lo das?
¿Sientes que la vida te ha quitado algo o a alguien?
¿Prefieres dar o recibir amor?